Durante décadas, la arqueología tradicional trató de explicar las profundas transformaciones sociales, tecnológicas y arquitectónicas que experimentó la Península Ibérica durante la transición del Calcolítico a la Edad del Bronce (aproximadamente entre el 2500 y el 2000 a.C.) mediante teorías difusionistas o evoluciones puramente locales. Sin embargo, la irrupción de la paleogenómica y el análisis avanzado de ADN antiguo en la Península Ibérica han dejado obsoletos los viejos manuales de texto.
La paleogenética es la disciplina científica que estudia el ADN antiguo extraído de restos fósiles, como huesos, dientes o sedimentos. Combina genética, antropología y arqueología para comprender la evolución, las migraciones y la adaptación de las especies, incluidos nuestros ancestros humanos y otros organismos extintos.
La publicación de un histórico estudio internacional en la revista Science reescribió las páginas de nuestro pasado al revelar un fenómeno biológico y social sin precedentes en la prehistoria europea: una sustitución demográfica masiva que alteró para siempre el rumbo evolutivo de la población ibérica.
El artículo científico de referencia (publicado en Science), titulado “The genomic history of the Iberian Peninsula over the past 8000 years” (Olalde, I., Mallick, S., Patterson, N., Rohland, N., Villalba-Mouco, V., Silva, M., Dulias, K., Edwards, C. J., Gandini, F., Pala, M., Soares, P., Ferrando-Bernal, M., Adamski, N., Broomandkhoshbacht, N., Cheronet, O., Culleton, B. J., Fernandes, D., Lawson, A. M., Mah, M., … Reich, D. (2019). The genomic history of the Iberian Peninsula over the past 8000 years. Science, 363(6432), 1230-1234. https://doi.org/10.1126/science.aav4040), fue el resultado de un enorme esfuerzo multidisciplinar coordinado por genetistas de la talla de Íñigo Olalde y Carles Lalueza-Fox (desde centros de investigación españoles) junto al laboratorio de David Reich en la Universidad de Harvard. Este consorcio internacional logró secuenciar el genoma completo de 271 individuos prehistóricos repartidos por toda la geografía peninsular, abarcando un marco temporal de ocho milenios.
Los datos obtenidos ofrecieron una resolución estadística muy clara. Mientras que las muestras del Neolítico y del Calcolítico reflejaban una población genéticamente estable, descendiente de los primeros agricultores neolíticos y cazadores-recolectores locales, las muestras posteriores al 2500 a.C. desvelaron la intrusión de un componente genético completamente exótico: la firma de los pastores de las estepas orientales, íntimamente ligados a la cultura Yamnaya, cuyo origen se localizaba a miles de kilómetros de distancia, en las llanuras situadas al norte del Mar Negro y el Mar Caspio.

(A) Geographic distribution and (B) dates of new and previously reported samples. Random jitter is added for sites with multiple individuals. Sites mentioned in the text are labeled. (C) PCA of 989 present-day west Eurasian individuals (gray dots), with ancient individuals from Iberia and other regions (pale yellow) projected onto the first two principal components. (D) Section of the PCA in (C) marked with the dashed box. (E) Schematic representation of events documented in this study.
¿Exterminio o asimilación? El dato más impactante y controvertido del análisis paleogenómico radica en el comportamiento de los linajes uniparentales. El estudio demostró que en un intervalo de apenas 400 años, la llegada de estos grupos esteparios se tradujo en la desaparición virtual del 100% de los linajes masculinos autóctonos (el cromosoma Y). Hacia el año 2000 a.C., prácticamente cualquier individuo varón analizado en la Península Ibérica portaba el haplogrupo del cromosoma Y R1b-M269, un marcador de indiscutible origen estepario. Por el contrario, el ADN mitocondrial (que se transmite exclusivamente por vía materna) continuó mostrando una fuerte continuidad de las poblaciones locales previas.
Este sesgo de género tan extremo desató de inmediato un intenso debate en el seno de la comunidad científica y académica. ¿Nos encontramos ante el testimonio arqueológico de una invasión violenta y un exterminio sistemático de los hombres locales a manos de los guerreros de las estepas?
Los investigadores principales insisten en que la interpretación no debe caer en el simplismo de una masacre generalizada. El registro arqueológico de la Edad del Bronce en la Península Ibérica no muestra una proliferación de fosas comunes masivas con signos de trauma violento generalizado que coincidan cronológicamente con este vuelco genético.
La hipótesis más sólida apunta hacia un proceso de estratificación y dominación social complejo. Los grupos esteparios llegaron a la Península con una serie de ventajas tecnológicas y organizativas cruciales: dominaban la metalurgia avanzada del bronce, poseían caballos domesticados y utilizaban carros de tracción. Estos elementos les permitieron erigirse rápidamente como la élite política, económica y militar de la región.
En un escenario de profunda desigualdad social, las mujeres de las comunidades locales pudieron integrarse de forma preferencial en las nuevas redes familiares de los recién llegados, relegando a los varones neolíticos a una exclusión reproductiva que extinguió sus linajes biológicos en pocas generaciones.

(A) Modeling Mesolithic, Neolithic, and Copper Age populations as a mixture of Anatolian Neolithic, El Mirón, and KO1. Percentages indicate proportion of El Mirón + KO1 ancestry. (B) Proportion of ancestry derived from central European Beaker/Bronze Age populations in Iberians from the Middle Neolithic to the Iron Age (table S15). Colors indicate the Y-chromosome haplogroup for each male (table S4). (C) Ancestry proportions for individuals from three sites in northeast Iberia dated between the 6th and 12th centuries CE. n represents the number of individuals analyzed in each site. (D) Ancestry proportions for individuals from southeast Iberia from the 3rd to 16th centuries CE (tables S20 and S21). Each bar represents one individual, with associated mtDNA (top) and Y-chromosome (bottom). Haplogroups with a likely recent nonlocal origin are bold.
El uso de los dólmenes por los descendientes esteparios
Una de las grandes sorpresas que trajo la combinación de datos genéticos y arqueológicos fue la constatación de una convivencia y asimilación cultural . A pesar del cambio radical en la herencia genética de los pobladores, las nuevas generaciones (resultado de la hibridación entre pastores esteparios y mujeres locales) no renegaron de las tradiciones sagradas del territorio que ahora ocupaban.
Los análisis efectuados en enterramientos colectivos de tipo dolménico demostraron que individuos con un porcentaje altísimo de herencia esteparia e incluso portadores del cromosoma Y foráneo fueron depositados con un respeto reverencial en el interior de monumentos megalíticos construidos siglos o milenios antes por los ancestros de las poblaciones sustituidas.
Esta adopción de la arquitectura megalítica local sugiere que los grupos inmigrantes no barrieron la cultura preexistente, sino que legitimaron su recién adquirido dominio territorial mimetizándose con los mitos, los espacios rituales y los paisajes sagrados del Neolítico peninsular.
¿Quiénes somos realmente?
La revolución de la paleogenómica ha demostrado que la historia de la Península Ibérica fue mucho más dinámica de lo que durante décadas imaginaron los arqueólogos. Las poblaciones no permanecieron aisladas ni inmutables: llegaron agricultores desde Anatolia, pastores procedentes de las estepas euroasiáticas, comerciantes fenicios, colonos griegos, romanos, pueblos germánicos y comunidades del norte de África. Cada uno de esos movimientos dejó una huella genética medible.
Sin embargo, reducir nuestra historia a porcentajes de ADN sería un error tan grande como ignorarlos. Los genes permiten reconstruir parentescos biológicos, pero no explican por sí solos las lenguas, las creencias, las instituciones o las formas de vida. El propio estudio demuestra que poblaciones con un origen genético muy distinto adoptaron monumentos, rituales y paisajes sagrados heredados de quienes habían habitado el territorio siglos antes. La cultura sobrevivió allí donde los linajes cambiaron. La genética no sustituye a la cultura ni a la identidad.
Quizá esa sea la principal enseñanza de la paleogenómica, la identidad nunca ha sido un concepto estático. La Península Ibérica siempre fue un territorio de encuentros, mezclas e intercambios. Nuestra historia biológica es la suma de múltiples migraciones; nuestra historia cultural, el resultado de miles de años de adaptación, convivencia y transformación.
Cada nuevo genoma antiguo secuenciado añade una pieza más a un enorme puzle que aún está incompleto. Las técnicas de secuenciación continúan mejorando y cada excavación correctamente documentada puede modificar aspectos que hoy damos por establecidos. En arqueología, como en toda ciencia, ninguna respuesta es definitiva; cada descubrimiento abre nuevas preguntas.
Por eso, proteger el patrimonio arqueológico no consiste únicamente en conservar monumentos o recuperar objetos antiguos. Significa preservar una información irrepetible sobre nuestros propios orígenes. Cuando un yacimiento es destruido por el expolio o una excavación clandestina, desaparece para siempre una parte de la memoria biológica y cultural de la humanidad.
La pregunta inicial ¿Quiénes somos realmente? quizá no tenga una respuesta sencilla. La evidencia científica apunta, sin embargo, a una conclusión clara, somos el resultado de miles de años de migraciones, mezclas y continuidad cultural. Nuestra historia no está escrita por un único pueblo ni por una única civilización, sino por la sucesión de generaciones que hicieron de la Península Ibérica uno de los espacios más diversos y complejos de la Europa prehistórica e histórica.
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