El ingeniero industrial que convirtió los dólmenes del Andévalo en uno de los paisajes megalíticos mejor documentados de la Península Ibérica
La historia de la arqueología peninsular suele recordar a los grandes arqueólogos, a los descubridores de yacimientos emblemáticos o a los autores de las síntesis que definieron una época. Sin embargo, existe un grupo de investigadores cuyo legado fue más profundo y menos visible, son aquellos que organizaron el territorio, documentaron sistemáticamente los monumentos y crearon las instituciones que hicieron posible la investigación posterior. Hace ya unas semanas hablamos de Vera Leisner, y es de justicia en el caso del megalitismo del suroeste peninsular, hablar de Carlos Cerdán Márquez (1910-1964).
Su importancia no radica únicamente en las excavaciones que dirigió o en las publicaciones que firmó junto a Georg y Vera Leisner. Su verdadera aportación consistió en transformar un conjunto disperso de dólmenes, túmulos y hallazgos aislados en un paisaje arqueológico documentado, dotado de cartografía, planimetrías, fotografías, archivos y una estructura institucional capaz de protegerlo. Entre 1945 y 1952 impulsó la primera gran sistematización del megalitismo onubense, promovió la creación del Museo Arqueológico de Huelva y participó en la elaboración de una de las obras fundamentales para el estudio de los sepulcros megalíticos de la Península Ibérica.
Lo más sorprendente es que quien desempeñó ese papel no procedía de una facultad de Historia, o de Arqueología, venía de esa disciplina que nos amuebla (y me incluyo) la cabeza de una forma estructurada y crtítica, la ingeniería industrial. Su formación técnica, su experiencia en el entorno minero de Riotinto y su extraordinaria capacidad para interpretar el territorio aportaron a su trabajo una precisión que sigue siendo útil para la arqueología digital del siglo XXI.
Carlos Cerdán Márquez (1910-1964)
Carlos Cerdán Márquez nació en Alcántara (Cáceres) el 28 de diciembre de 1910, aunque su vida y trayectoria profesional quedarían estrechamente ligadas a la provincia de Huelva desde que su familia se trasladó allí en 1927. Inició su formación universitaria en la Escuela de Barcelona en 1929 y culminó los estudios de Ingeniería Industrial en Madrid en 1935, titulación en la que más tarde obtendría el doctorado.
Tras dar sus primeros pasos profesionales en la Riotinto Company Limited, en 1941 asumió la Jefatura de la Delegación del Ministerio de Industria y Comercio en Huelva. Su labor técnica al frente de esta institución le otorgó un profundo conocimiento de la geografía e infraestructuras provinciales, el cual aplicó de manera pionera a la prospección, topografía y rescate de yacimientos prehistóricos en pleno proceso de modernización territorial.
Su aportación al patrimonio histórico dio un salto institucional en 1945 con su nombramiento como Comisario Provincial de Excavaciones Arqueológicas de Huelva. Al año siguiente, en 1946, impulsó y fundó el primer Museo Arqueológico Provincial, asumiendo su dirección hasta 1970 e integrando en sus fondos su propia colección arqueológica particular.

De la ingeniería industrial a la arqueología de Huelva
Carlos Cerdán Márquez nació en Alcántara (Cáceres) en 1910 y se formó como ingeniero industrial. Su llegada a Huelva estuvo vinculada a su actividad profesional en el ámbito de la industria y la minería, especialmente en relación con el entorno de Riotinto, un territorio donde la explotación minera había sacado a la luz numerosos restos arqueológicos desde finales del siglo XIX. El contacto habitual y diario con aquel paisaje transformado por la minería, donde afloraban materiales prehistóricos, romanos y protohistóricos, despertó un interés creciente por la arqueología.
La provincia de Huelva presentaba entonces una situación paradójica. Poseía una extraordinaria riqueza megalítica, especialmente en el Andévalo y la Sierra, pero carecía de un inventario sistemático y de una política efectiva de protección. Muchos monumentos eran conocidos por la población local, aunque apenas existía documentación científica. La expansión agrícola, la reutilización de grandes bloques para construcciones rurales y el expolio de materiales estaban provocando una pérdida acelerada de información arqueológica.
En 1945, Cerdán fue nombrado Comisario Provincial de Excavaciones Arqueológicas de Huelva, cargo desde el que desarrolló una intensa actividad de prospección, documentación y excavación. A diferencia de otros investigadores centrados en yacimientos concretos, su objetivo fue comprender el conjunto del territorio. Recorrió amplias zonas del Andévalo, localizó nuevos monumentos, recopiló información dispersa y elaboró la que puede considerarse la primera carta arqueológica moderna de la provincia de Huelva.
Su formación técnica resultó decisiva. Los levantamientos topográficos, el dibujo de plantas y secciones, el análisis de los materiales pétreos y la observación minuciosa de la relación entre los monumentos y el relieve muestran una metodología poco habitual en la arqueología española de la época. Cerdán entendía que un dolmen no era únicamente una cámara funeraria, sino un elemento integrado en un paisaje, relacionado con cursos de agua, afloramientos geológicos, vías naturales de comunicación y otros monumentos.
Ese enfoque territorial explica también su interés por crear una institución capaz de conservar los materiales y centralizar la documentación arqueológica. La fundación del Museo Arqueológico de Huelva, inaugurado el 12 de octubre de 1946, respondió en gran medida a esa necesidad. Cerdán donó una parte muy importante de su colección arqueológica personal para constituir los fondos iniciales del museo, convencido de que la conservación de los objetos debía ir acompañada de la conservación de su contexto documental. El museo no fue concebido como un simple depósito de piezas, sino como un centro de investigación y referencia para el estudio de la prehistoria onubense.
Enlace institucional: https://www.museosdeandalucia.es/web/museodehuelva
La documentación científica del megalitismo
El gran salto cualitativo en la investigación del megalitismo onubense se produjo cuando Carlos Cerdán comenzó a colaborar con Georg y Vera Leisner, los investigadores alemanes que dedicaron décadas al estudio sistemático de los monumentos megalíticos de la Península Ibérica. Los Leisner desarrollaban un proyecto de enorme ambición: catalogar, describir y comparar los sepulcros megalíticos ibéricos dentro del contexto del megalitismo atlántico europeo.
La colaboración fue extraordinariamente fructífera porque ambos enfoques eran complementarios. Cerdán aportaba el conocimiento directo del territorio, la organización de las campañas, la documentación de campo y la precisión topográfica. Los Leisner aportaban una metodología tipológica rigurosa y una perspectiva comparativa internacional que permitía situar los monumentos onubenses dentro de un marco mucho más amplio.
El resultado fue la publicación de Los sepulcros megalíticos de Huelva (1952), editada como Informe y Memoria nº 26 de la Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas. La obra supuso la primera síntesis exhaustiva del megalitismo provincial y estableció un estándar documental que durante décadas sería una referencia para los investigadores.
Uno de los aspectos más valiosos del libro fue la calidad de su documentación gráfica. Las plantas, secciones y alzados de los monumentos no eran meras ilustraciones, sino herramientas analíticas que permitían comparar arquitecturas, identificar variantes regionales y comprender la complejidad de los conjuntos funerarios del Andévalo.

El mejor ejemplo de esa metodología fue el conjunto megalítico de El Pozuelo, en Zalamea la Real. A diferencia de muchos dólmenes de corredor de otras regiones peninsulares, El Pozuelo presenta una arquitectura excepcionalmente compleja, con múltiples cámaras funerarias, corredores compartidos y plantas polilobuladas que revelan una larga historia de utilización y transformación.
Las excavaciones dirigidas por Cerdán en el marco del Plan Nacional de Excavaciones Arqueológicas de 1946 se distinguieron por el cuidado puesto en la documentación de las estructuras. En una época en la que numerosas intervenciones priorizaban la recuperación de objetos, él dedicó una atención especial a la estabilidad de los ortostatos, a la diferenciación de los niveles estratigráficos y al registro preciso de la posición de los materiales.
Esa forma de trabajar permitió interpretar los monumentos como espacios funerarios colectivos reutilizados durante generaciones, y no simplemente como enterramientos aislados. El análisis arquitectónico de El Pozuelo mostró que la construcción, ampliación y reorganización de las cámaras respondían a procesos sociales complejos relacionados con la memoria colectiva y la gestión del territorio.
Junto a El Pozuelo, Cerdán investigó otros conjuntos fundamentales, como La Zarcita, contribuyendo decisivamente a definir la diversidad arquitectónica del megalitismo onubense. Sus trabajos demostraron que Huelva no era una periferia del fenómeno megalítico, sino uno de sus núcleos más ricos y originales.
El legado de Cerdán en la arqueología contemporánea
La importancia de Carlos Cerdán Márquez no ha dejado de crecer con el paso del tiempo. Buena parte de los monumentos que documentó entre las décadas de 1940 y 1950 han sufrido transformaciones derivadas de explotaciones mineras, repoblaciones forestales, infraestructuras, erosión o expolio. En algunos casos, sus planos y fotografías constituyen el único testimonio detallado de estructuras hoy alteradas o desaparecidas.
El denominado Fondo Carlos Cerdán, conservado en el Museo de Huelva y relacionado con diversos archivos patrimoniales andaluces, reúne diarios de excavación, fotografías, planos, croquis topográficos y correspondencia científica. Este conjunto documental ha adquirido un valor excepcional porque permite reconstruir el estado original de numerosos yacimientos y seguir la evolución de la investigación arqueológica provincial.
En la actualidad, los equipos que trabajan con sistemas de información geográfica (SIG), fotogrametría, escaneado láser y teledetección LiDAR utilizan con frecuencia documentación histórica para verificar la localización y configuración de estructuras arqueológicas. Los planos elaborados por Cerdán pueden georreferenciarse, compararse con modelos digitales del terreno e integrarse en bases de datos espaciales. La precisión de sus levantamientos facilita la identificación de túmulos apenas perceptibles, la reconstrucción de monumentos deteriorados y el análisis de la organización territorial de las comunidades del Neolítico final y el Calcolítico.
Su trabajo anticipó, de forma sorprendente, una idea central de la arqueología contemporánea: la documentación es parte del patrimonio. Un monumento no se conserva únicamente mediante la protección física de sus piedras; también se preserva mediante planos precisos, fotografías rigurosas, descripciones detalladas y archivos accesibles para las generaciones futuras.
Ese legado resulta especialmente relevante en un momento en que la gestión del patrimonio depende cada vez más de la colaboración entre administraciones, investigadores y ciudadanía. La monitorización mediante fotografía georreferenciada, los inventarios colaborativos y las plataformas abiertas de información patrimonial representan una prolongación tecnológica del mismo principio que guiaba el trabajo de Cerdán: evitar que la información arqueológica desaparezca antes de ser comprendida.
Carlos Cerdán Márquez ocupa un lugar singular en la historia del megalitismo peninsular porque supo combinar la precisión de la ingeniería con la sensibilidad patrimonial de la arqueología. Su contribución no fue únicamente el descubrimiento o excavación de determinados monumentos, sino la creación de un sistema de conocimiento basado en la cartografía, la documentación y la cooperación científica.
La fundación del Museo de Huelva, la elaboración de la carta arqueológica provincial, la colaboración con Georg y Vera Leisner y la publicación de Los sepulcros megalíticos de Huelva constituyen hitos inseparables de un mismo proyecto: convertir el paisaje megalítico onubense en un objeto de investigación científica de alcance internacional.
Hoy, cuando la arqueología digital reconstruye paisajes desaparecidos y los modelos tridimensionales permiten analizar monumentos con una precisión impensable hace setenta años, los planos y diarios de Carlos Cerdán siguen dialogando con las tecnologías más avanzadas. Esa continuidad demuestra que la buena ciencia no depende únicamente de los instrumentos disponibles, sino del rigor con el que se observa, se registra y se transmite el conocimiento.
Su legado pertenece tanto a la historia de la arqueología,
como al futuro de la conservación del patrimonio.
Bibliografía
Cerdán Márquez, C., Leisner, G., & Leisner, V. (1952). Los sepulcros megalíticos de Huelva. Informes y Memorias, 26. Madrid: Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas.
Leisner, G., & Leisner, V. (1943-1959). Die Megalithgräber der Iberischen Halbinsel. Berlin: Walter de Gruyter.
Museo de Huelva. (s. f.). Colecciones arqueológicas y documentación patrimonial. https://www.museosdeandalucia.es/web/museodehuelva
Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico. (s. f.). Patrimonio arqueológico de Andalucía. https://www.iaph.es/
Junta de Andalucía. (s. f.). Conjunto megalítico de El Pozuelo. https://www.juntadeandalucia.es/

