Un innovador estudio desarrollado en Galicia demuestra cómo la combinación de arqueología, sistemas de información geográfica y modelos computacionales permite comprender por qué los monumentos megalíticos ocupan exactamente los lugares donde fueron construidos.
Durante más de un siglo, la investigación sobre el megalitismo europeo ha tratado de responder a preguntas fundamentales: quién levantó los grandes monumentos de piedra, cuándo fueron construidos o qué significado tuvieron para las comunidades prehistóricas. Sin embargo, existe otra cuestión igual de importante que durante décadas ha resultado mucho más difícil de abordar: ¿por qué esos monumentos fueron construidos precisamente en esos lugares y no en otros?
Responder a esa pregunta exige algo más que excavar un dolmen o estudiar su arquitectura. Significa reconstruir un paisaje desaparecido hace miles de años, comprender cómo se movían las personas por él y averiguar si la distribución de los monumentos obedecía a una lógica territorial o era simplemente el resultado de decisiones aisladas.
Esa es precisamente la cuestión que aborda el capítulo «Linking Megaliths. A Computational Approach to the Study of Movement and Mobility in the Megalithic Complex of Galicia (Northwest of the Iberian Peninsula)«, publicado en la obra colectiva Making a Mark: Image and Process in Neolithic Britain and Ireland.
Sus autores, Miguel Carrero-Pazos y Devin A. White, pertenecen a una nueva generación de investigadores que integran la arqueología del paisaje con herramientas propias de la geografía computacional, los Sistemas de Información Geográfica (SIG) y el análisis espacial. Su trabajo no propone una nueva interpretación simbólica del megalitismo; propone algo mucho más ambicioso: un método cuantitativo para estudiar cómo el movimiento humano condicionó la construcción de los paisajes monumentales del Neolítico.
Más que ofrecer una respuesta definitiva para Galicia, el estudio presenta una metodología que puede aplicarse a otros grandes conjuntos megalíticos de Europa, desde Portugal hasta las Islas Británicas.
Carrero-Pazos, M., & White, D. A. (2026). ‘Linking megaliths’. A computational approach to the study of movement and mobility in the megalithic complex of Galicia (Northwest of the Iberian Peninsula). In G. Higginbottom, J. Verdonkschot, C. Scarre, A. C. González-García, & F. Criado-Boado (Eds.), Megalithic Societies: Old Questions, New Narratives (pp. 164–178). Archaeopress. https://doi.org/10.2307/jj.40094663.19
Miguel Carrero Pazos
https://cispac.gal/es/persoal-cientifico/miguel-carrero-pazos/
Campo de investigación: Paisaxes con patrimonio
Grupo de investigación: GEPN-AAT
Profesor Permanente Laboral de Prehistoria en el Departamento de Historia de la Universidad de Santiago de Compostela. Especialista en Arqueología Computacional, el foco de su investigación se centra en la aplicación de la estadística espacial y los Sistemas de Información Geográfica al estudio de paisajes monumentales del pasado. También ha realizado investigaciones en técnicas de modelado 3D e imágenes digitales para documentar arte rupestre e inscripciones romanas. Investigador muy implicado con los marcos de ciencia abierta, sus trabajos utilizan software libre y código de programación para facilitar la transparencia científica.
Ha realizado estancias de investigación en la Universidad de Leiden y en la Universidad de Cambridge. Antes de su puesto como profesor asistente, fue investigador Marie Sklodowska-Curie en el University College London , Instituto de Arqueología, donde dirigió el proyecto “Modelos comparativos de paisajes megalíticos en la Europa atlántica neolítica (MegaScapes)” (MSCA-IF-EF-ST 2019; https://www.megascapesproject.com/ ).
Devin White
Oak Ridge National Laboratory https://crowcanyon.org/people/white-devin/
Devin A. White (Ph.D. University of Colorado, 2007) is a Senior Research Scientist at Oak Ridge National Laboratory, specializing in remote sensing, geographic information science, computational social science, complex adaptive systems, photogrammetry, computer vision, and high-performance computing. Devin consults with Crow Canyon, advising the center on its research database, computing, and geographic information science needs.
Previously Devin served as a Lead Scientist for Exelis Visual Information Solutions and a Scientist at Integrity Applications Incorporated, supporting large commercial and government customers. He is a Southwestern archaeologist by training and has applied remote sensing and geographic information science techniques to a wide array of archaeological problems in novel ways, especially with respect to quantitatively modeling human movement across large prehistoric landscapes. Among his more notable archaeological publications are an ASM monograph on Hohokam palettes and a University of Utah Press edited volume entitled Least Cost Analysis of Social Landscapes.
Una pregunta antigua con herramientas completamente nuevas
Durante décadas, la localización de los megalitos se explicó recurriendo a factores como la visibilidad, la geología, la proximidad a recursos naturales o el simbolismo del paisaje. Todas estas hipótesis continúan siendo válidas y siguen formando parte del debate científico, pero comparten una limitación evidente: resulta extremadamente difícil comprobar de forma objetiva hasta qué punto cada uno de esos factores influyó realmente en la elección de un emplazamiento.
La arqueología computacional permite afrontar el problema desde una perspectiva distinta. En lugar de preguntarse únicamente qué características presenta un determinado lugar, puede reconstruir cómo se habría desplazado una persona por ese territorio hace seis mil años y analizar si los monumentos mantienen una relación sistemática con esos recorridos.
No se trata de localizar antiguos caminos conservados bajo el suelo. En la mayoría de los casos esos caminos desaparecieron hace milenios. El objetivo consiste en identificar cuáles eran los corredores naturales de movilidad, es decir, aquellos itinerarios que cualquier persona habría elegido de forma espontánea para desplazarse minimizando el esfuerzo impuesto por el relieve.
Para responder a esta cuestión, Carrero-Pazos y White recurrieron a una combinación de herramientas que hasta hace relativamente poco eran habituales en disciplinas como la geografía o la planificación territorial, pero que hoy desempeñan un papel cada vez más importante en arqueología.
El estudio emplea Sistemas de Información Geográfica (SIG), modelos digitales del terreno y algoritmos de Least-Cost Path Analysis, capaces de calcular cuáles serían los recorridos más eficientes entre diferentes puntos teniendo en cuenta factores como la pendiente, el esfuerzo físico necesario para caminar o las barreras naturales del paisaje.
En términos sencillos, el ordenador no busca caminos antiguos. Lo que hace es calcular, millones de veces, por dónde resultaría más lógico desplazarse si una persona tuviera que atravesar ese territorio a pie.
Al repetir ese proceso una y otra vez es posible identificar las zonas donde numerosos recorridos convergen. Esos espacios constituyen los principales corredores naturales de tránsito y representan, con alta probabilidad, los lugares por los que circularían con mayor frecuencia las comunidades prehistóricas.
La pregunta que se plantearon entonces los investigadores era tan sencilla como reveladora:
¿coinciden esos corredores con la ubicación de los monumentos megalíticos?
Responder con rigor a esa pregunta exigía trabajar a una escala inédita para este tipo de investigaciones.
El estudio analiza más de 3.300 monumentos megalíticos distribuidos por el territorio gallego y genera aproximadamente 19.000 millones de rutas potenciales mediante modelos de movilidad. Posteriormente, los resultados se someten a análisis estadísticos que permiten comprobar si la relación observada entre los monumentos y los corredores naturales puede explicarse por azar o responde a un patrón espacial significativo.
Esta dimensión cuantitativa constituye uno de los aspectos más innovadores del trabajo. La arqueología lleva décadas incorporando nuevas tecnologías, pero pocas investigaciones habían abordado el estudio del paisaje megalítico mediante un volumen de datos tan elevado y utilizando procedimientos estadísticos capaces de validar los resultados obtenidos.
Los megalitos no aparecen donde esperaríamos… sino donde tenía sentido pasar.
Los resultados muestran una asociación clara entre la ubicación de los monumentos y los principales corredores naturales del paisaje. Esto no significa que los constructores neolíticos levantaran sus monumentos junto a caminos perfectamente definidos como los actuales, sino que eligieron lugares integrados en las zonas donde el relieve favorecía el desplazamiento de personas y animales.

Desde esta perspectiva, los megalitos dejan de interpretarse como elementos aislados para convertirse en auténticos componentes de una red territorial. Su posición habría permitido señalizar espacios relevantes, reforzar la memoria colectiva o hacer visible la presencia de determinadas comunidades precisamente allí donde el tránsito era más frecuente. En otras palabras, el paisaje no constituía un simple escenario sobre el que se levantaban monumentos; formaba parte activa de su significado.
Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que no limita el análisis al movimiento. Los autores incorporan también modelos de visibilidad para comprender cómo se percibían los monumentos desde esos corredores naturales.
El resultado cuestiona una idea muy extendida según la cual los megalitos debían situarse siempre en los puntos más elevados o dominantes del paisaje. En realidad, muchos de ellos parecen ocupar posiciones cuidadosamente seleccionadas para ser visibles desde determinados itinerarios sin necesidad de controlar visualmente todo el territorio.
Esta diferencia resulta esencial porque desplaza el foco desde la monumentalidad hacia la experiencia del recorrido. El monumento adquiere sentido cuando alguien se aproxima a él, lo reconoce en el paisaje y continúa su camino. La arquitectura y el movimiento dejan así de ser fenómenos independientes para convertirse en partes de un mismo sistema territorial.
Aunque Galicia constituye el área de estudio, las implicaciones del trabajo trascienden ampliamente el noroeste peninsular.
Los propios autores señalan que la metodología desarrollada ofrece un modelo cuantitativo aplicable al análisis de otros paisajes megalíticos europeos. En lugar de interpretar cada conjunto monumental como un caso aislado, este enfoque permite comparar regiones diferentes utilizando criterios homogéneos y evaluar hasta qué punto existen patrones comunes en la relación entre movilidad, visibilidad y emplazamiento de los monumentos.
Se abre así una nueva vía de investigación que podría contribuir a comprender mejor grandes paisajes megalíticos como los del Alentejo portugués, Bretaña, Irlanda o el sur de Gran Bretaña.
La arqueología del siglo XXI ya no solo excava
Durante mucho tiempo, la excavación arqueológica fue prácticamente la única herramienta capaz de generar conocimiento sobre el pasado. Hoy sigue siendo imprescindible, pero comparte protagonismo con disciplinas que hace apenas unas décadas parecían ajenas a las humanidades.
La modelización espacial, el análisis estadístico, los algoritmos de movilidad o la inteligencia computacional no sustituyen el trabajo arqueológico tradicional; lo amplían. Permiten formular preguntas nuevas, comprobar hipótesis mediante procedimientos reproducibles y estudiar aspectos del comportamiento humano que difícilmente podrían abordarse únicamente con el registro material.
El trabajo de Miguel Carrero-Pazos y Devin A. White constituye un excelente ejemplo de esa transformación metodológica. No porque ofrezca respuestas definitivas sobre el megalitismo gallego, sino porque demuestra que hoy es posible investigar el paisaje prehistórico de una manera radicalmente distinta a la de hace apenas una generación.
Los grandes monumentos megalíticos continúan despertando admiración por su tamaño, su antigüedad y el esfuerzo colectivo que supuso su construcción. Sin embargo, estudios como este recuerdan que su verdadero significado no reside únicamente en las piedras que han llegado hasta nosotros, sino también en el territorio que las rodea y en las personas que lo recorrían hace seis mil años.
Comprender por qué esos monumentos ocupan determinados lugares exige mirar más allá de la excavación y combinar arqueología, geografía, estadística e informática. Ese cambio de perspectiva está transformando nuestra forma de estudiar el pasado y abre un horizonte fascinante para la investigación del megalitismo europeo.
Quizá la mayor aportación de este trabajo no sea haber encontrado nuevos caminos prehistóricos, sino demostrar que la arqueología del siglo XXI ya puede reconstruirlos. Y, al hacerlo, nos acerca un poco más a comprender cómo las primeras sociedades monumentales pensaban, recorrían y organizaban el paisaje que habitaron.

