Fotografía aérea de la tumba y el recinto 450 durante los trabajos de excavación. Nota: Barroso Bermejo, R., Bueno-Ramírez, P., Cerrillo-Cuenca, E., Martínez-Sevilla, F., Sáez Martínez, M., Cambra-Moo, O., … & Alvarez-Fernández, E. (2026). New dates for the emergence of the megalithic phenomenon on the Iberian Plateau: The funerary practices of Valdelasilla, Toledo (Spain). Cambridge Archaeological Journal, 1–19. Publicación electrónica https://doi.org/10.1017/S0959774326100559

Un estudio publicado en el Cambridge Archaeological Journal revoluciona la cronología prehistórica de la Meseta y redefine las prácticas funerarias de las primeras comunidades campesinas.

Durante más de medio siglo, la historiografía europea ha arrastrado un marcado sesgo geográfico al analizar el fenómeno megalítico en el suroeste del continente. Los modelos tradicionales, de corte fuertemente difusionista, asumían de manera axiomática que la monumentalidad funeraria en piedra era una innovación vinculada estrictamente a las fachadas marítimas y atlánticas (Portugal, Galicia, Bretaña o Andalucía occidental) y que el interior peninsular (el Iberian Plateau o la Meseta) había permanecido ajeno, despoblado o retrasado respecto a estas corrientes. Bajo esta vieja perspectiva, los dólmenes de la submeseta sur se entendían como manifestaciones tardías, secundarias y periféricas, fruto de una asimilación cultural perezosa y tardía.

Este sesgo tradicional encontró uno de sus pilares teóricos más recientes y debatidos en la conocida tesis de la arqueóloga Bettina Schulz Paulsson. Su modelo neo-difusionista, sustentado en un colosal análisis estadístico de miles de dataciones por radiocarbono en toda Europa, propone que el fenómeno megalítico tuvo un único foco de origen primario en la Bretaña francesa a mediados del quinto milenio a.C. Desde este núcleo noratlántico, la monumentalidad se habría expandido en sucesivas oleadas a través de complejas redes de navegación marítima, abrazando las costas atlánticas y mediterráneas. Sin embargo, este influyente modelo dejaba al interior peninsular en una posición de penumbra cronológica, relegando a la Meseta a un papel secundario donde el megalitismo no habría penetrado hasta que las rutas marítimas costeras estuvieron plenamente consolidadas y expandidas hacia el interior continental.

Sin embargo, una investigación de vanguardia de Barroso Bermejo et al. (2026), focalizada en el yacimiento de Valdelasilla (Toledo) y publicada en el prestigioso Cambridge Archaeological Journal, acaba de asestar un vuelco definitivo a esta teoría. Al aplicar tecnologías de datación absoluta de última generación sobre los restos humanos y los contextos sepulcrales de este enclave toledano, el equipo de investigación no solo ha rescatado un yacimiento excepcional, sino que ha obligado a la comunidad arqueológica internacional a redibujar por completo el mapa y los tiempos del Neolítico peninsular, cuestionando la hegemonía del difusionismo marítimo europeo. ¿Cuándo surgió el megalitismo en el interior peninsular?

¿Cuándo surgió el megalitismo en el interior peninsular?

El núcleo duro de esta revolución científica no se basa en conjeturas tipológicas o estilísticas de las piedras, sino en el rigor incontestable de la física y la bioarqueología. La investigación implementó un ambicioso y sistemático programa de dataciones absolutas mediante carbono-14 (C14) por espectrometría de masas con aceleradores (AMS). Estas muestras, obtenidas directamente de colágeno óseo humano recuperado en posiciones estratigráficas primarias y analizadas bajo estrictos modelos bayesianos, han arrojado una ventana temporal asombrosamente temprana.

Las nuevas fechas sitúan las primeras fases de actividad funeraria y construcción monumental en Valdelasilla en horizontes cronológicos que coinciden plenamente con el Neolítico Medio, equiparándose en antigüedad a los supuestos focos originarios de las regiones costeras. Al retrasar el reloj del megalitismo en el interior de la Península varios siglos antes de lo que se daba por sentado, el estudio demuestra empíricamente que la cuenca del Tajo ya albergaba comunidades con la capacidad técnica, la organización social y la voluntad ideológica necesarias para levantar arquitecturas imperecederas para sus muertos de forma contemporánea a las comunidades atlánticas.

📌 EL DATO CLAVE: Las dataciones por radiocarbono sitúan el inicio de la actividad monumental y funeraria en Valdelasilla (Fase 1) en una horquilla extremadamente temprana: entre el 4336 y el 4062 cal. AC. Esto sitúa la construcción de esta necrópolis plenamente a finales del V milenio antes de Cristo, convirtiéndola en la necrópolis monumental planificada más antigua conocida en todo el interior de la Península Ibérica.

¿Qué supone este cambio de paradigma?

La demolición del modelo difusionista tradicional abre las puertas a un escenario histórico mucho más complejo y fascinante: el megalitismo policéntrico. El hito de Valdelasilla demuestra que la Meseta no fue una periferia pasiva que esperaba recibir las innovaciones de la costa, sino un foco nuclear y dinámico de desarrollo autóctono.

Este cambio de paradigma obliga a replantearse dos aspectos fundamentales de la socioeconomía prehistórica:

  1. Complejidad social temprana en el interior: La construcción de estos monumentos requería una planificación colectiva, excedentes agrícolas para alimentar a los constructores y una estructura social cohesionada. Valdelasilla demuestra que las primeras sociedades campesinas de la Meseta sur ya poseían este nivel de complejidad social en épocas muy tempranas.
  2. Control territorial y sedentarización: Un monumento megalítico es, ante todo, un hito en el paisaje. Al enterrar de forma recurrente y monumentalizada a sus ancestros en el valle del Tajo, estas comunidades estaban reclamando la propiedad simbólica y económica de la tierra, consolidando su sedentarismo y su derecho sobre las rutas fluviales y los recursos locales.

Prácticas funerarias en Valdelasilla

Más allá de la trascendencia de las fechas físicas, el artículo científico desglosa minuciosamente el comportamiento humano dentro de la tumba. El registro arqueológico de Valdelasilla no responde a un evento funerario único, sino a una persistencia ritual dilatada en el tiempo. Las excavaciones documentan el uso recurrente del espacio sagrado a través de depósitos fúnebres sucesivos.

Las comunidades locales practicaron enterramientos de carácter colectivo, donde los restos de los fallecidos se integraban en un osario común. Este tratamiento ecualizador de los cuerpos reforzaba los lazos de parentesco y el sentido identitario del clan por encima del individuo. La cultura material asociada de los ajuares (que incluye industrias lítica tallada como microlitos geométricos, elementos de adorno y producciones cerámicas específicas de excelente factura) denota una personalidad cultural definida y adaptada a los ecosistemas del interior peninsular, sin subordinaciones formales a otras regiones.

Ajuares funerarios. (a) Horquillas junto al cráneo en VLD-T296; (b) cuentas de piedra de la cámara VLD-T450; (c) microlitos de sílex de VLD-T520; (d) varillas planas de VLD-T452. Nota: Barroso Bermejo, R., Bueno-Ramírez, P., Cerrillo-Cuenca, E., Martínez-Sevilla, F., Sáez Martínez, M., Cambra-Moo, O., … & Alvarez-Fernández, E. (2026). New dates for the emergence of the megalithic phenomenon on the Iberian Plateau: The funerary practices of Valdelasilla, Toledo (Spain). Cambridge Archaeological Journal, 1–19. Publicación electrónica https://doi.org/10.1017/S0959774326100559

Una nueva agenda de investigación para el megalitismo europeo

El estudio de Valdelasilla en Toledo marca un punto de no retorno en la historiografía peninsular. Ya no es posible estudiar la Prehistoria de la Europa occidental ignorando o minusvalorando la capacidad de innovación de las comunidades del interior de la Península Ibérica. La Meseta sur reclama con datos empíricos su lugar como un territorio nuclear, donde la monumentalidad emergió de forma temprana como respuesta a las dinámicas socioeconómicas internas de sus propias sociedades campesinas. Este artículo publicado por Barroso Bermejo et al. (2026) no solo cierra un viejo debate cronológico frente a los modelos costeros, sino que abre una nueva y emocionante agenda de investigación arqueológica para las próximas décadas.

Sin embargo, para poder extraer todo el potencial científico e histórico que atesora Valdelasilla, es imperativo que este hito no se convierta en un hecho aislado. Esperamos que este descubrimiento actúe como un catalizador para la llegada de nuevos recursos económicos, proyectos de investigación continuados y becas de especialización. El yacimiento toledano apenas ha comenzado a revelar sus secretos; avanzar en futuros análisis bioarqueológicos de alta resolución (como la paleogenética o los estudios de isótopos estables para conocer la dieta y movilidad de este clan) requerirá de una financiación pública y privada sólida y sostenida a la altura de las grandes necrópolis europeas.

Finalmente, este vuelco nos recuerda que la arqueología de excelencia es indisociable de una política firme de mantenimiento y protección del patrimonio. El megalitismo del interior peninsular, a menudo desprotegido frente a la presión agrícola o el olvido institucional que sufren las zonas rurales, necesita planes de consolidación estructural y custodia activa. Descubrir el pasado carece de sentido si no garantizamos la preservación física de las estructuras para las generaciones futuras. La puesta en valor de Valdelasilla debe ser un compromiso compartido entre la comunidad científica, las administraciones locales y la sociedad civil, transformando estas piedras ancestrales en un activo vivo de identidad, cultura y desarrollo territorial sostenible.


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