La arqueología no solo desentierra objetos, también reconstruye la forma de vida de las sociedades que nos precedieron. El reciente hito en el Reino Unido con la inauguración del Kusuma Neolithic Hall en las inmediaciones de Stonehenge es un testimonio excepcional de cómo la arqueología experimental logra derribar los profundos prejuicios contemporáneos que aún arrastramos sobre la Prehistoria.

La arqueología experimental es la rama de la arqueología que busca comprender el pasado recreando de forma práctica sus procesos tecnológicos, técnicas de construcción y modos de vida. En lugar de limitarse a teorizar sobre los restos excavados, los investigadores replican las herramientas, materiales y condiciones de la época para comprobar físicamente cómo funcionaban, transformando las hipótesis arqueológicas en realidades materiales contrastables.

Durante décadas, la cultura popular ha alimentado el falso mito de que las comunidades del Neolítico y el Calcolítico eran grupos humanos rudimentarios, vestidos con taparrabos, que habitaban en cuevas oscuras y carecían de estructuras sociales organizadas. La realidad material que la ciencia saca a la luz demuestra exactamente lo contrario. Nos encontramos ante sociedades con una capacidad de planificación urbana, conocimientos de ingeniería logística y una complejidad comunitaria verdaderamente asombrosas.

El proyecto del salón neolítico KUSUMA en Stonehenge

El proyecto impulsado por la organización de conservación del patrimonio English Heritage ha finalizado esta semana con la presentación de la mayor réplica de un edificio prehistórico levantada hasta la fecha en el emblemático yacimiento de Salisbury. Financiada gracias a una dotación de un millón de libras por la fundación filantrópica Kusuma Trust, esta imponente estructura de siete metros de altura se basa firmemente en el registro arqueológico de un gran edificio prehistórico cuyos restos (conocidos técnicamente como la anomalía Durrington 68) fueron excavados a tres kilómetros del círculo de piedras, en el entorno de Durrington Walls.

La envergadura de este salón comunal se ha basado en un enfoque científico riguroso:

  • La construcción ha requerido nueve meses de trabajo manual ininterrumpido por parte de un equipo integrado por más de cien voluntarios de la organización.
  • Todo el armazón se ha levantado bajo la dirección técnica del arqueólogo experimental Luke Winter, empleando de manera exclusiva materiales que crecían en ese mismo paisaje hace cinco mil años, tales como madera de avellano, paja y revestimiento de tiza picada.
  • Para labrar las maderas y encajar la estructura se fabricaron y utilizaron réplicas exactas de herramientas de la época, contabilizando minuciosamente cada impacto de las hachas de sílex sobre los troncos.

El análisis del registro arqueológico original, donde se recuperaron miles de huesos de animales y abundantes piezas de cerámica del tipo Grooved Ware, sugiere que estos grandes salones no eran viviendas familiares rudimentarias. Eran centros neurálgicos de cohesión social diseñados para acoger banquetes comunitarios invernales, reuniones políticas de clanes o asambleas rituales orientadas astronómicamente de cara al solsticio de invierno.

¿Quieres ver cómo se levanta la historia tronco a tronco?

El arqueólogo Luke Winter, director técnico del proyecto, ha documentado cada fase de los trabajos en su canal de YouTube Historic Concepts. En este canal puedes seguir, semana a semana, el proceso.

Y nos han dejado también un enlace para ver la imagen de fotogrametría 3D del marco terminado.

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Lecciones de arqueología experimental

El valor de levantar de nuevo el edificio Kusuma reside en el aprendizaje práctico. La arqueología experimental actúa como un laboratorio donde las hipótesis de los textos se contrastan con las leyes de la física y la resistencia de los materiales de la época. Al empuñar las herramientas de sílex y comprobar la solidez de una techumbre de paja a siete metros de altura, los investigadores comprenden que estas comunidades poseían maestros carpinteros especializados y una capacidad organizativa enviviable.

Para coordinar la tala, el transporte de vigas monumentales y el techado de un salón de estas dimensiones se requería una estructura social avanzada y coordinada. Estos proyectos constructivos demuestran una mentalidad colectiva formidable, alejada del individualismo actual, donde el trabajo comunitario se convertía en la expresión máxima de su identidad y pertenencia al grupo. Las personas del Neolítico disponían de tejidos complejos, procesaban alimentos de forma elaborada y habitaban en poblados con cabañas perfectamente acondicionadas para resistir las inclemencias climáticas, desmontando cualquier visión simplista del pasado.

Referentes de arqueología experimental en España, La Draga

Cuando buscamos proyectos de una envergadura y filosofía similar en la Península Ibérica para este mismo periodo, el referente imprescindible de arqueología experimental se encuentra en el yacimiento de La Draga, situado en Bañolas, Girona.

A diferencia de la mayoría de los asentamientos al aire libre donde el tiempo destruye la madera y solo quedan los agujeros de los postes en el suelo, las condiciones de inundación permanente de La Draga han permitido una conservación excepcional de la materia orgánica bajo el agua. Gracias a ello, el equipo de investigación ha podido documentar con total fidelidad la arquitectura de madera del Neolítico antiguo, descubriendo los pilares de roble, los suelos elevados y los utensilios de cocina de hace más de siete mil años.

En el propio parque arqueológico de La Draga se han levantado réplicas exactas a tamaño real de estas cabañas neolíticas utilizando las mismas técnicas y herramientas prehistóricas documentadas en las excavaciones. Al igual que el proyecto de Stonehenge, estas reproducciones visitables permiten al público experimentar el espacio interior de una vivienda de la Edad de la Piedra, percibir el olor del hogar y comprender el grado de confort y habitabilidad que poseían los primeros grupos campesinos del noreste peninsular.


Os dejamos un video de los maravillosos Fundación Palarq, donde exlican con detalle este proyecto.

El patrimonio y el cuidado de la memoria

A pesar de la magnitud científica de asentamientos como La Draga, la realidad es que este tipo de proyectos gozan de una visibilidad mediática e institucional alarmantemente reducida en España. Mientras que en el Reino Unido organizaciones como English Heritage logran canalizar inversiones millonarias, o aportaciones particulares muy concienciadas con el cuidado de patrimonio, y convertir una reconstrucción prehistórica en un fenómeno de masas respaldado por los grandes medios. La arqueología experimental sobrevive a menudo gracias al esfuerzo vocacional de los propios equipos universitarios y de administraciones locales concienciadas. Existe un vacío notable en la divulgación de gran alcance que relega estos impresionantes laboratorios del pasado a un circuito puramente académico, contamos con referentes de idéntica o mayor relevancia internacional que los complejos británicos.

Iniciativas como el Salón Kusuma o las reconstrucciones de La Draga nos recuerdan que los restos arqueológicos no pertenecen al pasado, sino al presente de las sociedades que los custodian. El cuidado de la memoria histórica es un deber ético que nos conecta con las soluciones creativas y sociales que los seres humanos dieron a los desafíos de la existencia miles de años atrás.

Invertir en la divulgación rigurosa de estos enclaves es la mejor herramienta para combatir los prejuicios y la desinformación en la red. Cuando un estudiante entra en un gran salón neolítico reconstruido, se sienta junto al fuego y comprende la complejidad tecnológica que requirió su construcción, cambia de forma irreversible su mirada hacia la historia del ser humano, entendiendo que el progreso no es una línea recta que comenzó ayer, sino un largo camino de ingenio y colaboración colectiva.


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